
La escalada militar protagonizada en los dos últimos años por el Pentágono y el Comando Sur en la región sudamericana, con su despliegue de bases en Colombia y Panamá, y la ocupación de Haití luego del terremoto de enero, está siendo resistida y enfrentada por Brasil, según se desprende de los recientes movimientos de tropas que suponen una completa redistribución de fuerzas. La reorganización de la defensa y el considerable aumento del presupuesto militar muestran que tanto las fuerzas armadas como el gobierno de Brasil hacen una lectura correcta de la transición hegemónica en curso en la región, que no puede sino incrementar la tensión y la inestabilidad, sin descartar conflictos armados.El ejército brasileño, según informa el diario gaúcho Zero Hora (18 de abril de 2010), está en plena ebullición ya que está en marcha “la mayor modificación en el tablero de tropas realizada desde que los militares asumieron el poder en Brasil en 1964”. Pero ahora los motivos no son ideológicos sino geopolíticos. Varias brigadas de infantería están en proceso de traslado desde el Litoral hacia la región central de Planalto con el objetivo de defender la Amazonia. En esa región serán creados 28 nuevos puestos de frontera que se suman a los 21 actualmente existentes. El ejército sumará 59 mil nuevos efectivos a los 210 mil con que ahora cuenta. Pero ese incremento estará focalizado siempre en la región amazónica, cuya defensa es el nudo estratégico para Brasil.
Los efectivos del ejército en la Amazonia se duplican: de los 25 mil que tiene en este momento llegará a 49 mil en pocos años, de modo que casi el 40% de los nuevos reclutas estarán destinados a esa región. En el Planalto se instalará además una base de la fuerza aérea para la operación de aviones de transporte Hércules. Pero el aspecto principal incluye cambios en el aspecto operativo de las brigadas, que se convierten en módulos de combate independientes con unos 3 mil efectivos cada una.
Estos cambios vienen anunciados en la Estrategia Nacional de Defensa aprobada en diciembre de 2008 por el presidente Lula, que define acciones de corto, mediano y largo plazo, un período que abarca hasta 2030, para “modernizar la estructura nacional de defensa” reorganizando las fuerzas armadas, reestructurando la industria brasileña de material de defensa y la composición de los efectivos de las fuerzas armadas. Además asegura que en la defensa inciden tres factores decisivos: la cibernética, el espacial y el nuclear. La mayor novedad es que hasta ahora el ejército miraba hacia el sur porque siempre se pensó en un posible conflicto con Argentina, herencia del período colonial. Ahora se propone posicionarlo en el centro, porque las amenazas reales por tierra vienen del Norte y la región andina.
La estrategia militar que aplica el Pentágono para contener a Brasil consiste en rodear el inmenso país con bases militares (existentes ahora en Panamá, Colombia, Perú y Paraguay) y generar conflictos e inestabilidad en sus fronteras. Es ése el objetivo estratégico del Plan Colombia y del nuevo despliegue de bases militares en la región. Si Estados Unidos consigue “derramar” el conflicto colombiano hacia la Amazonia brasileña, como lo está haciendo hacia Venezuela, habrá instalado una situación de incontrolable inestabilidad en Brasil, que sería un lastre para su despegue como potencia regional capaz de sustituir a la potencia hegemónica en decadencia.
Defender la Amazonia supone combatir. En este sentido la Estrategia Nacional de Defensa muestra autonomía respecto al pensamiento militar estadounidense. “Para disuadir es necesario estar preparado para combatir. La tecnología, por más avanzada que sea, jamás será alternativa al combate. Será siempre un instrumento de combate”. Mientras el Pentágono apuesta a la tecnología como forma de ganar guerras, Brasil hace centro en el combate sobre el terreno. Hay más cambios: la fuerza aérea que ahora está concentrada en Sao Paulo y la marina en Rio de Janeiro, deben atender al Atlántico Sur donde están las nuevas y enormes reservas de petróleo que convierten a Brasil en la séptima potencia petrolera del mundo. La marina, además, cuidará la desembocadura del Amazonas y las cuencas de ese río y del Paraguay-Paraná.
Desde 2004 el presupuesto militar de Brasil se incrementó en 45%, sin contar las recientes compras de submarinos, helicópteros y 36 cazas de última generación, ni la base de submarinos que se comenzó a construir cerca de Río, según informa O Estado de Sao Paulo (25 de abril de 2010). Días atrás el ministro de Defensa Nelson Jobim entregó a la fuerza aérea doce helicópteros de ataque comprados a Rusia destinados a la base aérea de Porto Velho, en Rondonia, estado amazónico fronterizo con Bolivia. Son los primeros helicópteros de ataque que posee el país y la primera compra militar a Rusia. En pocos días, cuando se anuncie el acuerdo con Francia para construir los 36 cazas Rafale, casi todos en Brasil, se habrá completado un profundo viraje hacia la creación de un complejo militar-industrial autónomo, el primero con que contará un país del Sur.
“La época en que las potencias dominantes disfrutaban de `esferas de influencia exclusivas´ en todo el mundo es cosa del pasado”, puede leerse en la edición de Diario del Pueblo (28 de abril de 2010) dedicada a explicar el crecimiento de la marina de guerra china y su despliegue en el Pacífico occidental. El diario gubernamental agrega que la relación de fuerzas en el Pacífico está cambiando, que las fuerzas navales de Estados Unidos están reforzando su presencia en esa región por lo que el ascenso militar chino es “un requisito estratégico para toda gran potencia, que debe defender sus intereses según se lo permitan sus capacidades”. En Sudamérica sucede algo similar: una gran potencia se está preparando para sustituir, también en el plano militar, al decadente imperio estadounidense.
- Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.
http://alainet.org/active/37749
viernes, 30 de abril de 2010
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Brasil desafía el Plan Colombia |
martes, 13 de abril de 2010
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Teorías en la web Guerra climática: ¿Fue manipulado científicamente el terremoto de Haití? |
La guerra climática, la guerra biológica o la guerra química, son parte indivisible de la guerra militar para controlar países y poblaciones. Todas a su vez, se sintetizan en la guerra psicológica para controlar y dominar la mente humana con fines del control social sin el uso de las armas (Guerra de Cuarta Generación). Su existencia operativa y sus estrategias de aplicación (exterminios masivos de personas con fines económicos y políticos) tienen origen en los laboratorios militares de las potencias centrales.
Por Manuel Freytas (*)
manuefreytas@iarnoticias.com
Por la red está circulando una teoría inquietante: El terremoto de Haití habría sido manipulado científicamente por un programa desarrollado por la Fuerza Aérea de EEUU, o sea el Pentágono.
A simple vista suena como una "teoría conspirativa", pero ateniéndonos a las investigaciones y verificaciones que existen sobre experimentos militares (sobre todo de EEUU y de algunas potencias centrales) con armas, químicas y biológicas orientadas al exterminio masivo de seres humanos, la versión no parece tan descabellada.
El proyecto HAARP (del inglés High Frequency Active Auroral Research Program, Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia) es una investigación financiada por la Fuerza Aérea de los EEUU, la Marina y la Universidad de Alaska para "entender, simular y controlar los procesos ionosféricos que podrían cambiar el funcionamiento de las comunicaciones y sistemas de vigilancia".
El Haarp (considerado, entre otras funciones, como una "máquina de crear terremotos"), es un calentador de la ionosfera, y actúa sobre ella como la antena más poderosa que jamás haya existido.
A pocas horas de la catástrofe, la agencia EFE divulgó un informe elaborado por la Flota Rusa del Norte señalando que el sismo que ha devastado a Haití fue el "claro resultado" de una prueba de la Marina de EEUUU por medio de una de sus "armas de terremotos".
De acuerdo con el documento de la Armada Rusa (una potencia que cuenta con una versión del programa Haarp) a finales de la década de 1970, los EEUU han "avanzado enormemente" el estado de sus armas de terremotos y, según estos informes, ahora emplea dispositivos que usan una tecnología de Pulso, Plasma y Sónico Electromagnético Tesla junto con “bombas de ondas de choque”.
El reporte concluye que es “más que probable” que la Marina norteamericana haya tenido “conocimiento total” del catastrófico daño que esta prueba de terremoto podría tener potencialmente sobre Haití y que había pre-posicionado a su Comandante Delegado del Comando del Sur, el General P.K. Keen, en la isla para supervisar las labores de ayuda si fuesen necesarias.
El programa Haaarp se inició en 1993 para una serie de experimentos durante veinte años, y tiene un gran número de instrumentos de diagnóstico que se usan para mejorar el conocimiento científico de la dinámica ionosférica.
Actúa con el recientemente descubierto electro chorro, el cual se forma en los polos norte y sur del planeta, y se aprecia su efecto atmosférico con el fenómeno conocido como aurora boreal.
Teóricamente, HAARP podría modificar el clima del planeta, desviar los jetstream o corrientes a chorro de la alta atmósfera hacia donde se tenga interés, trabaja con ondas de alta y baja frecuencia, y es considerado por algunos expertos como un peligro para la existencia de la humanidad, debido al uso potencial como arma de "guerra climatológica".
Se trata -dicen los que lo estudian- de un nuevo tipo de arma, capaz de intensificar tormentas, prolongar sequías, incluso crear terremotos sobre territorio de un supuesto enemigo, sin que nadie advierta el peligro.
Los HAARP potencialmente tendrían también la capacidad, de desintegrar objetos, generar combustiones espontáneas e inducidas, e incluso cambiar patrones cerebrales, inducir conductas y producir enfermedades biológicas. Investigaciones sobre el proyecto HAARP han surgido desde universidades estadounidenses y centros europeos
Con sus cientos de millones de vatios de potencia es considerado como un verdadero "calefactor" de la alta atmósfera, que puede actuar provocando una tremenda ionización que puede acarrear consecuencias imprevisibles, y que gracias a su efecto "espejo" podría dirigir sus efectos hacia cualquier zona del planeta.
En su resolución del 28 de enero de 1999 sobre medio ambiente, seguridad y política exterior (A4-0005/1999), el Parlamento Europeo señalaba que el programa HAARP manipulaba el medio ambiente con fines militares y solicitaba que HAARP, fuese objeto de una evaluación por parte de STOA (organismo encargado de mensurar opciones científicas y tecnológicas) en lo que se refería a sus repercusiones sobre el medio ambiente local y mundial y sobre la salud pública en general.
En esa misma resolución, el Parlamento Europeo, pedía que se celebrara un convenio internacional para la prohibición mundial de cualquier tipo de desarrollo y despliegue de armas que pudiesen permitir cualquier forma de manipulación de seres humanos.
Las guerras ocultas
¿Fue manipulado científicamente el terremoto de Haití?
A simple vista suena como una "teoría conspirativa", pero ateniéndonos a las investigaciones y verificaciones que existen sobre experimentos militares (sobre todo de EEUU y algunas potencias centrales) con armas, químicas y biológicas orientadas al exterminio masivos de seres humanos, la versión no parece tan descabellada.
Que el Pentágono investigue y desarrolle un sistema que puede generar violentos e inesperados cambios en el clima, incluido un terremoto como el de Haití o un tsunami como el de Asia, más que un asunto conspirativo podría ser parte de una realidad estudiada y expresada en diversos informes de especialistas "silenciados" por la prensa oficial.
Hay un cúmulo de trabajos investigativos (esparcidos en la red y silenciados por la prensa del sistema) que demuestran, por ejemplo, que los virus patógenos y las pandemias son inicialmente estudiados para su utilización en posibles operaciones de exterminio en masa, con la finalidad de controlar y manipular socialmente determinadas poblaciones.
Bajo el argumento de "prevenir ataques enemigos" con armas químicas o biológicas, el Pentágono ha diseñado -desde el siglo pasado hasta aquí- diferentes programas de investigación y experimentación con virus inyectados primero en organismos animales, y luego lanzados contra organismos humanos.
El investigador y profesor canadiense Michel Chossudovsky, en su artículo titulado "Guerra climática: Atención a los experimentos militares de EEUU", publicado en el sitio web The Ecologist, señala que “El Haarp es un arma de destrucción masiva, capaz de desestabilizar los sistemas agrícolas y ecológicos en todo el globo”.
Afirma que EEUU ha desarrollado experimentos similares desde 1940, y que durante la guerra de Vietnam se hicieron prácticas de bombardeo de nubes, con el fin de prolongar la estación del monzón (temporada de lluvias) y bloquear las rutas de suministro de sus enemigos a lo largo del corredor Ho Chi Minh.
De acuerdo con el investigador, “La tecnología, que está siendo perfeccionada bajo el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (Haarp), “Apunta a lo impensable: la manipulación encubierta de modelos climáticos, comunicaciones y sistemas de energía eléctrica como un arma de la guerra global, capacitando a EEUU para desestabilizar y dominar regiones enteras”.
Según Chossudovsky, “La manipulación climática es el arma preventiva por excelencia. Puede ser dirigida contra países enemigos o ‘naciones amigas’ sin su conocimiento, utilizada para desestabilizar economías, ecosistemas y agricultura. También puede provocar el caos en los mercados financieros y de materias primas. La alteración en la agricultura causa una mayor dependencia de la ayuda alimentaria y de productos de granos importados de EEUU y de otros países occidentales”.
Las teoría de Chossudovsky sobre la guerra climática, tiene un correlativo en las armas químicas o biológicas de exterminio masivo utilizadas en diferentes programas de investigación y experimentación, entre las cuales sobresalen los virus inyectados primero en organismos animales, y luego lanzados contra organismos humanos.
Con la aparición cíclica de pandemias detonadas por la inseminación de virus patógenos en poblaciones civiles, se genera una campaña simultánea de "terror mediático" (con pánico e incertidumbre social) ejecutada por las grandes cadenas informativas internacionales, la que activa a su vez una demanda comercial masiva de recursos y medicamentos para enfrentar la emergencia sanitaria, que moviliza paralelamente un multimillonario negocio capitalista a escala global.
Cabe recordar que a la feroz manipulación mediática global con el "terror pandémico" de la reciente fiebre porcina ( o Gripe A), se agregan cada vez más, preguntas e hipótesis sobre el origen y posible utilización económica o política del virus patógeno, que van desde la lógica y el sentido común hasta teorías conspirativas de la más variada especie y procedencia.
En este caso, se ha hablado, incluso, de distintas operaciones de "aprovechamiento" político y militar del virus, cuyos objetivos van desde una "cortina de humo" para distraer la atención de la actual crisis global, hasta una estrategia para crear un "11-S biológico" que justificara nuevas invasiones y "guerras antiterroristas", un plan capitalista "malthusiano" para reducir la población pobre "sobrante", o una maniobra comercial de los grandes laboratorios para generar demanda masiva de medicamentos y vacunas preventivas.
Una crisis pandémica, una crisis económica, una catástrofe natural o una guerra movilizan multimillonarios recursos financieros para enfrentarla.
Y como vivimos dentro de un sistema capitalista centralizado por potencias hegemónicas (EEUU y las naciones centrales de Europa), los programas de exterminio en masa con epidemias salen originalmente de los laboratorios militares del Pentágono y de los sectores de biodefensa europeos, principalmente Gran Bretaña.
En ese escenario, la guerra climática, la guerra biológica o la guerra química , son parte indivisible de la guerra militar para conquistar países y poblaciones. Todas a su vez, se sintetizan en la guerra psicológica para manipular la mente humana con fines del control político y social sin el uso de las armas (Guerra de Cuarta Generación).
La guerra biológica por medio de agentes genéticos orientados al exterminio masivo de poblaciones es un soporte activo de la guerra militar y de la guerra psicológica. Cuando está al servicio de la guerra psicológica, la guerra biológica se convierte en bioterrorismo, y cuando sirve a la guerra militar se convierte en operación de exterminio con uso de agentes biológicos.
Como primer objetivo central, las "guerras silenciosas" de exterminio poblacional por medio de agentes biológicos o químicos se originan dentro de los planes y estrategias del Pentágono para preservar la seguridad de EEUU, la potencia regente y dominante del sistema capitalista a escala global.
Como segundo objetivo central, todo lo que se destruye hay que "reconstruir", y todo lo que enferma hay que "curar", es la máxima que sigue siempre el sistema capitalista para arrancar rentabilidad tanto de las crisis económicas, como de las catástrofes, las epidemias y las guerras.
"Si no hay guerra hay que inventarla para hacer negocios", es la máxima histórica de Rothschild, líder emblemático del sionismo financiero internacional.
En este escenario ¿Puede sorprender la posibilidad de que el terremoto de Haíti haya salido de los laboratorios militares de Pentágono?
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
Ver sus trabajos en Google y en IAR Noticias
Por la red está circulando una teoría inquietante: El terremoto de Haití habría sido manipulado científicamente por un programa desarrollado por la Fuerza Aérea de EEUU, o sea el Pentágono.
A simple vista suena como una "teoría conspirativa", pero ateniéndonos a las investigaciones y verificaciones que existen sobre experimentos militares (sobre todo de EEUU y de algunas potencias centrales) con armas, químicas y biológicas orientadas al exterminio masivo de seres humanos, la versión no parece tan descabellada.
El proyecto HAARP (del inglés High Frequency Active Auroral Research Program, Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia) es una investigación financiada por la Fuerza Aérea de los EEUU, la Marina y la Universidad de Alaska para "entender, simular y controlar los procesos ionosféricos que podrían cambiar el funcionamiento de las comunicaciones y sistemas de vigilancia".
El Haarp (considerado, entre otras funciones, como una "máquina de crear terremotos"), es un calentador de la ionosfera, y actúa sobre ella como la antena más poderosa que jamás haya existido.
A pocas horas de la catástrofe, la agencia EFE divulgó un informe elaborado por la Flota Rusa del Norte señalando que el sismo que ha devastado a Haití fue el "claro resultado" de una prueba de la Marina de EEUUU por medio de una de sus "armas de terremotos".
De acuerdo con el documento de la Armada Rusa (una potencia que cuenta con una versión del programa Haarp) a finales de la década de 1970, los EEUU han "avanzado enormemente" el estado de sus armas de terremotos y, según estos informes, ahora emplea dispositivos que usan una tecnología de Pulso, Plasma y Sónico Electromagnético Tesla junto con “bombas de ondas de choque”.
El reporte concluye que es “más que probable” que la Marina norteamericana haya tenido “conocimiento total” del catastrófico daño que esta prueba de terremoto podría tener potencialmente sobre Haití y que había pre-posicionado a su Comandante Delegado del Comando del Sur, el General P.K. Keen, en la isla para supervisar las labores de ayuda si fuesen necesarias.
El programa Haaarp se inició en 1993 para una serie de experimentos durante veinte años, y tiene un gran número de instrumentos de diagnóstico que se usan para mejorar el conocimiento científico de la dinámica ionosférica.
Actúa con el recientemente descubierto electro chorro, el cual se forma en los polos norte y sur del planeta, y se aprecia su efecto atmosférico con el fenómeno conocido como aurora boreal.
Teóricamente, HAARP podría modificar el clima del planeta, desviar los jetstream o corrientes a chorro de la alta atmósfera hacia donde se tenga interés, trabaja con ondas de alta y baja frecuencia, y es considerado por algunos expertos como un peligro para la existencia de la humanidad, debido al uso potencial como arma de "guerra climatológica".
Se trata -dicen los que lo estudian- de un nuevo tipo de arma, capaz de intensificar tormentas, prolongar sequías, incluso crear terremotos sobre territorio de un supuesto enemigo, sin que nadie advierta el peligro.
Los HAARP potencialmente tendrían también la capacidad, de desintegrar objetos, generar combustiones espontáneas e inducidas, e incluso cambiar patrones cerebrales, inducir conductas y producir enfermedades biológicas. Investigaciones sobre el proyecto HAARP han surgido desde universidades estadounidenses y centros europeos
Con sus cientos de millones de vatios de potencia es considerado como un verdadero "calefactor" de la alta atmósfera, que puede actuar provocando una tremenda ionización que puede acarrear consecuencias imprevisibles, y que gracias a su efecto "espejo" podría dirigir sus efectos hacia cualquier zona del planeta.
En su resolución del 28 de enero de 1999 sobre medio ambiente, seguridad y política exterior (A4-0005/1999), el Parlamento Europeo señalaba que el programa HAARP manipulaba el medio ambiente con fines militares y solicitaba que HAARP, fuese objeto de una evaluación por parte de STOA (organismo encargado de mensurar opciones científicas y tecnológicas) en lo que se refería a sus repercusiones sobre el medio ambiente local y mundial y sobre la salud pública en general.
En esa misma resolución, el Parlamento Europeo, pedía que se celebrara un convenio internacional para la prohibición mundial de cualquier tipo de desarrollo y despliegue de armas que pudiesen permitir cualquier forma de manipulación de seres humanos.
Las guerras ocultas
¿Fue manipulado científicamente el terremoto de Haití?
A simple vista suena como una "teoría conspirativa", pero ateniéndonos a las investigaciones y verificaciones que existen sobre experimentos militares (sobre todo de EEUU y algunas potencias centrales) con armas, químicas y biológicas orientadas al exterminio masivos de seres humanos, la versión no parece tan descabellada.
Que el Pentágono investigue y desarrolle un sistema que puede generar violentos e inesperados cambios en el clima, incluido un terremoto como el de Haití o un tsunami como el de Asia, más que un asunto conspirativo podría ser parte de una realidad estudiada y expresada en diversos informes de especialistas "silenciados" por la prensa oficial.
Hay un cúmulo de trabajos investigativos (esparcidos en la red y silenciados por la prensa del sistema) que demuestran, por ejemplo, que los virus patógenos y las pandemias son inicialmente estudiados para su utilización en posibles operaciones de exterminio en masa, con la finalidad de controlar y manipular socialmente determinadas poblaciones.
Bajo el argumento de "prevenir ataques enemigos" con armas químicas o biológicas, el Pentágono ha diseñado -desde el siglo pasado hasta aquí- diferentes programas de investigación y experimentación con virus inyectados primero en organismos animales, y luego lanzados contra organismos humanos.
El investigador y profesor canadiense Michel Chossudovsky, en su artículo titulado "Guerra climática: Atención a los experimentos militares de EEUU", publicado en el sitio web The Ecologist, señala que “El Haarp es un arma de destrucción masiva, capaz de desestabilizar los sistemas agrícolas y ecológicos en todo el globo”.
Afirma que EEUU ha desarrollado experimentos similares desde 1940, y que durante la guerra de Vietnam se hicieron prácticas de bombardeo de nubes, con el fin de prolongar la estación del monzón (temporada de lluvias) y bloquear las rutas de suministro de sus enemigos a lo largo del corredor Ho Chi Minh.
De acuerdo con el investigador, “La tecnología, que está siendo perfeccionada bajo el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (Haarp), “Apunta a lo impensable: la manipulación encubierta de modelos climáticos, comunicaciones y sistemas de energía eléctrica como un arma de la guerra global, capacitando a EEUU para desestabilizar y dominar regiones enteras”.
Según Chossudovsky, “La manipulación climática es el arma preventiva por excelencia. Puede ser dirigida contra países enemigos o ‘naciones amigas’ sin su conocimiento, utilizada para desestabilizar economías, ecosistemas y agricultura. También puede provocar el caos en los mercados financieros y de materias primas. La alteración en la agricultura causa una mayor dependencia de la ayuda alimentaria y de productos de granos importados de EEUU y de otros países occidentales”.
Las teoría de Chossudovsky sobre la guerra climática, tiene un correlativo en las armas químicas o biológicas de exterminio masivo utilizadas en diferentes programas de investigación y experimentación, entre las cuales sobresalen los virus inyectados primero en organismos animales, y luego lanzados contra organismos humanos.
Con la aparición cíclica de pandemias detonadas por la inseminación de virus patógenos en poblaciones civiles, se genera una campaña simultánea de "terror mediático" (con pánico e incertidumbre social) ejecutada por las grandes cadenas informativas internacionales, la que activa a su vez una demanda comercial masiva de recursos y medicamentos para enfrentar la emergencia sanitaria, que moviliza paralelamente un multimillonario negocio capitalista a escala global.
Cabe recordar que a la feroz manipulación mediática global con el "terror pandémico" de la reciente fiebre porcina ( o Gripe A), se agregan cada vez más, preguntas e hipótesis sobre el origen y posible utilización económica o política del virus patógeno, que van desde la lógica y el sentido común hasta teorías conspirativas de la más variada especie y procedencia.
En este caso, se ha hablado, incluso, de distintas operaciones de "aprovechamiento" político y militar del virus, cuyos objetivos van desde una "cortina de humo" para distraer la atención de la actual crisis global, hasta una estrategia para crear un "11-S biológico" que justificara nuevas invasiones y "guerras antiterroristas", un plan capitalista "malthusiano" para reducir la población pobre "sobrante", o una maniobra comercial de los grandes laboratorios para generar demanda masiva de medicamentos y vacunas preventivas.
Una crisis pandémica, una crisis económica, una catástrofe natural o una guerra movilizan multimillonarios recursos financieros para enfrentarla.
Y como vivimos dentro de un sistema capitalista centralizado por potencias hegemónicas (EEUU y las naciones centrales de Europa), los programas de exterminio en masa con epidemias salen originalmente de los laboratorios militares del Pentágono y de los sectores de biodefensa europeos, principalmente Gran Bretaña.
En ese escenario, la guerra climática, la guerra biológica o la guerra química , son parte indivisible de la guerra militar para conquistar países y poblaciones. Todas a su vez, se sintetizan en la guerra psicológica para manipular la mente humana con fines del control político y social sin el uso de las armas (Guerra de Cuarta Generación).
La guerra biológica por medio de agentes genéticos orientados al exterminio masivo de poblaciones es un soporte activo de la guerra militar y de la guerra psicológica. Cuando está al servicio de la guerra psicológica, la guerra biológica se convierte en bioterrorismo, y cuando sirve a la guerra militar se convierte en operación de exterminio con uso de agentes biológicos.
Como primer objetivo central, las "guerras silenciosas" de exterminio poblacional por medio de agentes biológicos o químicos se originan dentro de los planes y estrategias del Pentágono para preservar la seguridad de EEUU, la potencia regente y dominante del sistema capitalista a escala global.
Como segundo objetivo central, todo lo que se destruye hay que "reconstruir", y todo lo que enferma hay que "curar", es la máxima que sigue siempre el sistema capitalista para arrancar rentabilidad tanto de las crisis económicas, como de las catástrofes, las epidemias y las guerras.
"Si no hay guerra hay que inventarla para hacer negocios", es la máxima histórica de Rothschild, líder emblemático del sionismo financiero internacional.
En este escenario ¿Puede sorprender la posibilidad de que el terremoto de Haíti haya salido de los laboratorios militares de Pentágono?
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
Ver sus trabajos en Google y en IAR Noticias
martes, 30 de marzo de 2010
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La guerra por los recursos naturales: el agua |
En los últimos tiempos, las grandes corporaciones han pasado a controlar el agua en gran parte del planeta y se especula que en los próximos años, unas pocas empresas privadas poseerán el control monopólico de casi el 75% de este recurso vital para la vida en el planeta. Los gobiernos de todo el mundo -incluidos los de países desarrollados- están desviando su responsabilidad de tutela de los recursos naturales a favor de las empresas. Según ellos, para mejorar la provisión del servicio. El embotellamiento del agua es un negocio que supera en ganancias a la industria farmacéutica.
El Agua
En los finales del siglo pasado el mundo entró en una nueva fase de confrontación que denominamos la Nueva Guerra por los recursos naturales. Ya no sólo es el carácter político-militar, no se confronta a un enemigo en particular, sino que busca apropiarse de los recursos estratégicos y necesarios para el desarrollo y expansión del capitalismo. Guerras por el petróleo, guerras por el agua, guerras por tierras, guerras atmosféricas, esta es la verdadera cara de la globalización económica. Su orientación está en confrontar todo aquello que se opone o resiste a la privatización, a la usurpación de recursos naturales, que supera los límites de la sostenibilidad y la justicia, lo cual le da el distintivo de guerra privatizadora o expropiadora.
El problema no son los recursos naturales, no es la gente, sino la codicia de las corporaciones empresariales y las asociaciones entre éstas y los estados con el fin de usurpar los recursos de los pueblos y violar sus derechos fundamentales de vida.
Son los intereses geopolíticos y geoestratégicos, donde el territorio, el lugar, el sitio es preponderante para el dominio territorial. Ahora interesa más la alianza militar para controlar, privatizar o usurpar recursos naturales estratégicos que den más vida al capitalismo, bajo el dominio de las empresas transnacionales, el comercio internacional, el capital especulativo y otras formas de cooperación que se mueven alrededor de los intereses de la economía capitalista.
La teoría de los EE.UU. es priorizar las relaciones y control en zonas donde las riquezas naturales abundan y que les permita asegurar su funcionamiento como modelo capitalista y base de la industrialización. Son el principal protagonista de esta nueva guerra en la medida que requieren más del 30% de la energía consumida por la humanidad, incrementándose este consumo con la tendencia industrializadora del capitalismo que día tras día incrementa el consumo de energía.
La usurpación de los recursos de las naciones subdesarrolladas
Las grandes potencias quieren dominar a las naciones pobres de Latinoamérica que tienen gran concentración de riquezas naturales y estratégicas que ellas pretenden controlar. Donde el velo ideológico no es sino la defensa, mediante el imaginario antiterrorista y que les permitan controlar la energía y el combustible, Donde hay petróleo hay conflictos. No importa en qué medida la apariencia de una guerra de culturas aparezca vinculada a las invasiones a Afganistán e Irak (y a la amenaza de una acción similar en Irán), porque la realidad era y es que se trata de guerras por el crudo.
El agua sustento de la vida objeto prioritario para los EEUU
El agua brota como el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI ya que se espera que en el año 2025, la demanda de este elemento tan necesario para la vida humana será un 56% superior al suministro actual y quienes posean agua podrían ser blanco de un saqueo forzado. Se calcula que para los 6.250 millones de habitantes a los que hemos llegado, se necesitaría ya un 20% más de agua de la que disponemos.
Además de esta población es el consumo de energía para desplazar a más de 1.800 millones de autos particulares; asimismo son mayores los hogares que cuentan con televisores, refrigeradores, aire acondicionado, calefacción, computadoras que van consumiendo mayores cantidad de petróleo, agua, gas y elementos de la biodiversidad que ponen a la humanidad en un complejo conflicto por controlar los recursos. Debemos agregar la industrialización acelerada de China y la India, que demandan cada día mayor consumo de energía y otros recursos como hierro, acero, aluminio, etc.
Debemos destacar la forma de operar en el escenario de la confrontación. No interesa el territorio, sino el recurso, que puede ser, mineral, hídrico y/o estratégico; humano o poblacional, para desestructurar al enemigo, por lo que el espacio-territorio no es una pieza importante en el ajedrez de la confrontación.
Esta nueva guerra requiere de alianzas, no porque el poderío militar de los EE.UU. esté en decadencia, sino porque en el control de la energía están implicados varios estados que son parte del dominio imperial. Europa y Asia que no cuentan con recursos estratégicos importantes; EE.UU. cuenta con ellos de manera limitada. El Medio Oriente posee en la zona del mar Caspio, una gran concentración de recursos naturales, al igual que América Latina. De ahí que en estas regiones que poseen los recursos, los conflictos están a la orden del día y los provocadores serán las alianzas de las grandes potencias. Estas alianzas son pieza fundamental en la medida que la sociedad industrial acelera su desarrollo y cada incremento tecnológico abre una válvula más al consumo.
El Agua es uno de los recursos que aparece como botín de la nueva guerra y presenta un cuadro desalentador. Los cálculos de las Naciones Unidas indican que en el 2025, la reserva potable y dulce del liquido apta para consumo humano será de 3% del total existente. Unos 2.500 millones de personas no tendrán en ese momento acceso al agua potable y a los servicios sanitarios. Y la mayor parte de ese 3% está en los glaciares y casquetes polares, de los que el volumen accesible es de 12 mil kilómetros cúbicos y la humanidad consume la mitad de ellos. Para los próximos años se pronostica un consumo de 100% y la escasez se asoma como nueva amenaza. Este recurso por su naturaleza recorre muchos tramos de territorios, lo que permite sea compartido por varias naciones. Al ejercer el control para garantizar el abastecimiento, se vislumbran conflictos por el agua que ya se observan en varios lugares del mundo.
El agua es un recurso importante para ejercer el dominio político, se está convirtiendo en una fuente de guerras en la medida en que es privatizada y se transforma en mercancía. Este líquido nutre a muchas empresas trasnacionales y éstas desvían el agua de los sistemas naturales de drenaje de los ríos. Alterar el flujo de un río también modifica la distribución del agua, especialmente si eso implica las transferencias de agua entre varias cuencas. Este producto es ahora un recurso que genera dinero, de ahí que una de las pretensiones que tenía el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) de los Estados Unidos y de las corporaciones transnacionales era provocar las privatizaciones de los recursos hídricos y acelerar la construcción de hidroeléctricas privadas.
El control del agua por los monopolios
En los últimos tiempos, las grandes corporaciones han pasado a controlar el agua en gran parte del planeta y se especula que en los próximos años, unas pocas empresas privadas poseerán el control monopólico de casi el 75% de este recurso vital para la vida en el planeta.
Los gobiernos de todo el mundo -incluido los de países desarrollados- están desviando su responsabilidad de tutela de los recursos naturales a favor de las empresas. Según ellos, para mejorar la provisión del servicio. Las grandes corporaciones no son muchas. Las francesas Vivendi y Suez (clasificadas en los puestos 51 y 99 respectivamente en el Global Fortune 500 de 2001). La alemana RWE (en el puesto 53), que adquirió dos importantes empresas de agua, Thames Water en el Reino Unido y American Water Works, en Estados Unidos de Norteamérica. La intervención privada dio pie, en algunos lugares a un aumento exagerado del costo del agua. En la Provincia de Tucumán - Argentina- la empresa Vivendi enfrentó la furia popular y en Sudáfrica la empresa concesionada con el suministro no tuvo problemas en cerrar la canilla de un 80% de los pobladores de Alexandra Township por falta de pago.
Como también hay proyectadas variadas obras de infraestructura a lo largo del istmo mesoamericano, incluyendo la explotación de las abundantes provisiones de agua fresca del Petén guatemalteco y del sur de México. El IIRSA, el más ambicioso de los tres, propone corredores industriales y enormes proyectos hidroeléctricos y de hidrovía por todo el continente suramericano. Bajo esta lógica, aparecen los planes intervensionistas como la militarización y privatizaciones en el sur de Argentina, el Iguazú, las represas en Centroamérica y la focalización de los ríos que faciliten la interconexión eléctrica entre Colombia y Panamá pasando por el Darién. La compra de tierras con recursos naturales (agua, biodiversidad),
Como también sucede en la India cada río es motivo de importantes y grandes problemas sobre la propiedad del agua y su distribución. También existen grandes conflictos entre Estados Unidos y México por el agua del río Colorado. Las aguas de los ríos Tigris y Eufrates, que han sostenido a la agricultura durante miles de años en Turquía, Siria e Irak, han sido la causa de varios importantes choques entre esos tres países. Y ambos ríos nacen en Turquía, y son caudalosos en una de las zonas más áridas del planeta. La guerra entre israelíes y palestinos es en cierta medida una guerra por el agua. El motivo de contienda es el río Jordán, usado por Israel, Jordania, Siria, Líbano y Cisjordania. La agricultura a escala industrial de Israel requiere agua de ese río así como de las aguas subterráneas de Cisjordania.
La Banca fomenta la privatización de los recursos naturales
El Banco Mundial juega un papel clave, fomentando las privatizaciones y prestando dinero para las reformas en el sistema de agua, invirtiendo y finalmente actuando como juez en caso de conflicto entre los inversionistas y los Estados.
Mientras poblaciones enteras no tienen acceso a la salubridad, grandes corporaciones venden agua pura embotellada para subsanar el mal. Entre 1970, 2000 y 2009, la venta del agua creció incalculablemente. Por ejemplo, en 1970 se vendieron en el mundo mil millones de litros. En 2000, 84 mil millones. En el 2009 se vendieron quinientos noventa y ocho mil millones de litros de agua
Otro punto importante para el proyecto de dominio de los EEUU es la Amazonía y ya a los niños de las escuelas en el texto de geografía de 6to. Grado se menciona que está localizada en América del Sur, una de las regiones más pobres del mundo, es parte de ocho países diferentes y extraños, irresponsables, crueles y autoritarios, pueblos de trafico de drogas y además, son pueblos incultos e ignorantes, pudiendo causar la muerte de todo el mundo dentro de pocos años...les enseñan que estas son áreas internacionales..., en otras palabras, ellos están preparando a la opinión publica norteamericana, para dentro de algunos años poder apoderarse de este territorio brasileño y de los países limítrofes.
La Amazonía es ambicionada por las trasnacionales
La Amazonía en uno de los ecosistemas más ricos y diversos del mundo cuenta con aproximadamente 7 millones 160 mil kilómetros cuadrados de zona boscosa húmeda, constituye la mayor reserva natural del planeta y sin embargo, peligra. La cuenca amazónica es depositaria de la mayor extensión de bosques tropicales del planeta (56%) y de una gran variedad biológica de ecosistemas, especies y recursos genéticos. Hay cerca de un millón y medio de especies conocidas y se estima que pueden ser más de diez millones. Un leve inventario nos indica la presencia de 50.000 variedades de mamíferos; 20.000 de reptiles, anfibios y aves; 21.000 de peces; 140.000 de vertebrados; 90.000 de invertebrados y artrópodos; 90.000 de plantas inferiores; 270.000 de plantas superiores y 55.000 de microorganismos. Por el Amazonas y sus más de 7.000 tributarios corren 6.000 billones de metros cúbicos de agua por segundo. Además es la zona que más oxígeno provee (40% del oxígeno del mundo) y mayor cantidad de carbono capta. Por eso se conoce como el pulmón de la humanidad.
Por esos motivos y es estar ubicado en límites con Perú y Brasil, se ha reforzado el cinturón blindado militar en la región, la cual almacena la siguiente infraestructura Radar y base terrestre en Marandúa, Vichada.
Brigada 24 del Ejército en el Putumayo " Brigada Oriental del Ejército en Pto. Carreño y el Dpto. de Vichada " Radar y base terrestre en San José del Guaviare y Escuela de entrenamiento de Barrancón " Brigada del Ejército en Caquetá.
Base Militar Tres Esquinas, Putumayo.
Brigada de patrullaje fluvial en Puerto Leguízamo, Putumayo.
Radar con base terrestre en Leticia, Amazonas (13).
Todo ello es parte del El plan Colombia cuyo costo fue al inicio, de 7.500 millones de dólares, de los cuales: Estados Unidos abonó 1.500 millones, la Unión Europea 1.500 millones y los 4.500 millones restantes es un préstamo a la banca mundial que tiene que hacer el Estado colombiano, la suma de los 7.500 millones de dólares fue aplicada a la guerra interna.
La pugna es entre quienes creen que el agua debe ser considerada un comodín o bien comerciable (como lo es el trigo, el café o el maíz) y quienes expresan que es un bien social relacionado con el derecho a la vida.
El problema es que si bien el agua es un recurso que se da por sentado en muchos lugares, es muy escaso para los 1.100 millones de personas que carecen de acceso al agua potable, a las que habría que sumar otros 2.400 millones de personas que no tienen acceso a un saneamiento adecuado. Más de 2.200 millones de habitantes de los países subdesarrollados, la mayoría niños, mueren todos los años de enfermedades asociadas con la falta de agua potable, saneamiento adecuado e higiene. Además, casi la mitad de los habitantes de los países en desarrollo sufren enfermedades provocadas, directa o indirectamente, por el consumo de agua o alimentos contaminados, o por los organismos causantes de enfermedades que se desarrollan en el agua. Con suministros suficientes de agua potable y saneamiento adecuado, la incidencia de algunas enfermedades y la muerte podrían reducirse hasta un 75 por ciento. En algunas zonas, la extracción del agua ha tenido consecuencias devastadoras en el ambiente. La capa freática de muchas regiones del mundo se reduce constantemente y algunos ríos, como el Colorado en los Estados Unidos y el Amarillo en China, se secan con frecuencia antes de llegar al mar.
En China, las capas freáticas acuíferas del norte han descendido treinta y siete metros en treinta años y, desde 1990 desciende un metro y medio cada año. El mar interior de Aral, en Asia Central, ya ha perdido la mitad de su extensión. El lago Chad era hace tiempo el sexto lago más grande del mundo, en la actualidad ha perdido casi el 90% de su superficie y esta agonizando. Este recurso es un bien tan necesario que podría pasar a ser objeto de peleas políticas, si se lo observa sólo como un negocio: represas, canales de irrigación, tecnologías de purificación y de desalinización, sistemas de alcantarillado y tratamientos de aguas residuales. No debe olvidarse el embotellamiento del agua, puesto que es un negocio que supera en ganancias a la industria farmacéutica.
El origen de esta comercialización del agua habría que buscarla en noviembre de 2001, cuando los recursos naturales al igual que la salud y la educación, empezaron a ser objeto de negociaciones en la OMC (Organización Mundial de Comercio). La meta final es la liberalización de los servicios públicos para el 2005. Esto que suena árido y aburrido, puede simplificarse: lo que hasta ahora era regulado por los estados, pasará a ser mercado de libre comercio.
Dentro de este contexto, existen dos escenarios probables:
Los acuíferos más grandes que se conocen son: Acuífero de Areniscas de Nubia con un volumen de 75 mil millones de metros cúbicos.
Acuífero del Norte del Sahara con un volumen de 60 mil millones de metros cúbicos.
Sistema acuífero Guaraní con un volumen de 37 mil millones de metros cúbicos.
Gran Cuenca Artesiana con un volumen de 20 mil millones de metros cúbicos.
Acuífero Altas Planicies con un volumen de 15 mil millones de metros cúbicos.
Acuífero del Norte de China con un volumen de 5 mil millones de metros cúbicos.
El Acuífero Guaraní
El acuífero posee 132 millones de años. Sus orígenes se remontan a cuando África y América aún se encontraban unidas. Su extensión tiene las conocidas dimensiones del continente americano: 1.190.000 kilómetros cuadrados, una superficie más grande que la de España, Francia y Portugal juntas.
Es conocido como el Gigante del MERCOSUR porque este inmenso reservorio de agua pura se extiende desde el pantanal en el norte de Brasil, ocupa parte de Paraguay y Uruguay y finaliza en la pampa Argentina. Incluso se sospecha que, a enormes profundidades, el acuífero se encuentra conectado con los lagos de la Patagonia. El volumen total del agua almacenada es inmenso. El volumen explotable en la actualidad es de 40 a 80 kilómetros cúbicos, una cifra equivalente a cuatro veces la demanda total anual de la Argentina.
La investigación sobre el Sistema Acuífero Guaraní (SAG) estuvo, hasta 1997, a cargo de la Universidad de Santa Fe y la de Buenos Aires, de la Universidad de Uruguay y de varias Universidades Públicas Brasileras. Pero a partir de esa fecha pasó a ser parte de un proyecto financiado por el Banco Mundial y todo se tiño de sospechas.
En la Argentina, a través de un estudio realizado por la periodista Elsa Bruzzone se llegó a una preocupante conclusión: La presencia del Comandante del Ejército Sur de EEUU, en la Triple Frontera -Brasil, Paraguay, Argentina- la declaración del Departamento de Estado y los rumores de que allí habría terroristas, tienen un objetivo: el control del Sistema Acuífero Guaraní (SAG), un verdadero océano de agua potable subterráneo que tiene allí su principal punto de recarga. Brasil, también puso el grito en el cielo, al declarar a través de Aurelio García que: EEUU puso al Banco Mundial y a la Organización de Estados Americanos al frente de un proyecto que busca detectar la magnitud del recurso, asegurarse su uso de manera sustentable, evitar la contaminación y mantener un control permanente hasta cuando lo considere conveniente.
Quienes defienden la iniciativa de la Organización de Estados Americanos aseguran que por falta de dinero en las Universidades, se busco el apoyo de aportes provenientes del GEF, un fondo donde todos los países del mundo ponen dinero para desarrollar estudios y proyectos ambientales. Se presentó un buen proyecto y este fue aprobado, lo que significa que de alguna manera se están recuperando el dinero invertido en aquel fondo. El Banco Mundial maneja el aporte. Es como el operador de cuenta de un banco.
El alcance del problema del agua no sólo apunta al bolsillo de cualquier consumidor, sino que es una estocada al estómago del fundamentalismo de mercado imperante en la aldea global, por lo cual todo tiene precio y con mayor razón lo que es escaso. La revista Fortune expresó: El agua promete ser en el siglo XXI lo que fue el petróleo para el siglo XX, el bien precioso que determina la riqueza de las naciones. Sin embargo, 160 gobiernos reunidos en La Haya -Holanda- en el 2000 acordaron definir el agua como una necesidad humana y no como un derecho del hombre. Este derecho no se compra ni se vende.
Si la globalización es empujada para apoderarse de estos recursos, aumentarán las guerras y la globalización se hará más lenta hasta detenerse a causa de las catástrofes ecológicas y de los conflictos por los recursos naturales
Entonces, a todo lo anteriormente expuesto se impone una fuerte diyuntiva en tiempos en que el cambio climático afecta la supervivencia humana, ¿será apropiado proteger el ecosistema y permitir el desarrollo en una zona, donde la naturaleza y hombres vivan en perfecta armonía? Las compañías madereras, mineros y explotadores de bauxita, aluminio, metales preciosos, oro, cobre van en busca de sus metas ignorando la necesidad de mantener el equilibrio ecológico y minimizan la cuantía de los perjuicios que ocasionas sus practicas.
Paradójicamente, el hombre, en busca de desarrollo y fuentes energéticas alternativas desplazan a su similar llevándose su patrimonio e identidad (sin olvidar el impacto en la vida animal) y provocan la emigración de pueblos y aldeas completas. Sumemos la expansión de los buscadores de oro quienes prueban fortuna robando en zonas antes respetadas.
Por eso los pueblos indígenas se han opuesto al deterioro de la Amazonía exigiendo el respecto a su hogar y al planeta. Para ellos, la relación con la madre tierra es la base de su existencia y la forma adecuada de mantener modos de vida construidos en perfecta simbiosis con las leyes de la naturaleza. Si la reciente Cumbre de Cambio Climático de Copenhague fue un gran fracaso, corresponde a los pueblos tomar sus propias decisiones por el bien propio y de nuestro planeta.
http://larevo.org/index.php?option=com_content&view=article&id=7722:-la-guerra-por-los-recursos-naturales-el-agua-&catid=1:noticias
sábado, 27 de marzo de 2010
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Al borde de una intervención larvada y por etapas del Pentágono en México |
Con la coartada de la soberanía limitada y la "seguridad democrática", valiéndose de eufemismos tales como la "cooperación militar" y las "acciones mancomunadas" de las fuerzas armadas de ambos países contra los cárteles de la droga, el intervencionismo bueno del Pentágono no será ahora con bombas, misiles y proyectiles, sino con asesores, agentes encubiertos y mercenarios .
Por
Carlos Fazio
(La Jornada) Finalmente, Estados Unidos tiene a México donde quería: en la fase de colombianización. Es decir, al borde de una intervención larvada y por etapas del Pentágono. Pasaron 13 años desde que el entonces secretario de Defensa estadounidense William Perry dijera ante 10 mil soldados y cadetes y la plana mayor de las fuerzas armadas mexicanas, en el Campo Militar No. 1, que la seguridad nacional entre su país y México era el "tercer vínculo" sobre el que ambas naciones cimentarían una relación unida, ya, por lazos políticos y económicos.
Desde entonces, la "sana distancia" que había prevalecido en las relaciones entre los ejércitos de Estados Unidos y México comenzó a acortarse, y los últimos residuos de nacionalismo castrense cedieron paso a una remozada doctrina contrainsurgente de cuño estadounidense, que tomó como el "enemigo interno" al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y al Ejército Popular Revolucionario (EPR), y en años recientes a los ejidatarios de Atenco y La Parota y los pueblos de Oaxaca.
Con la coartada de la soberanía limitada y la "seguridad democrática", valiéndose de eufemismos tales como la "cooperación militar" y las "acciones mancomunadas" de las fuerzas armadas de ambos países contra los cárteles de la droga, el intervencionismo bueno del Pentágono no será ahora con bombas, misiles y proyectiles, sino con asesores, agentes encubiertos y mercenarios (que bajo la fachada de "contratistas privados de seguridad" serán los encargados del trabajo sucio en la "guerra" de Felipe Calderón contra los malos).
Todo eso ya existe, claro. Pero se intensificará con la "ampliación" de la llamada Iniciativa Mérida, que al final resultó que era el Plan México disfrazado, símil del fracasado Plan Colombia, según reveló sin aspavientos Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos. Y cosa curiosa: Mullen, el militar de más alto rango de la administración de Barack Obama, cuyo comando había identificado a México como un Estado fallido próximo a un "colapso rápido y repentino", y por tanto sujeto de una intervención militar de Estados Unidos, no acaparó las primeras planas a su paso por México.
La razón es obvia: ya había hecho su tarea. La guerra de intoxicación mediática que arreció en vísperas y tras la asunción de Obama en la Casa Blanca en enero pasado, en la que participaron el presidente saliente, George W. Bush ("México, primera línea de guerra"), el jefe del Pentágono, Robert Gates, y los titulares de los principales organismos de seguridad e inteligencia de la administración demócrata (CIA, FBI, DEA, Seguridad Interna) lograron construir la noción de México como Estado fallido, para el aterrizaje suave, ahora, de la "ayuda invasora" (Javier Ibarrola dixit) que salvará a México de los malos.
Como en la ex Yugoslavia -balcanizada en siete pequeñas naciones por la alianza occidental comandada por Estados Unidos-, y después del 11 de septiembre de 2001 en Afganistán, Irak, Pakistán, Irán, Venezuela, Cuba, Bolivia y otros puntos calientes del orbe, Washington libra una guerra asimétrica contra México, con apoyo de sus alfiles locales. La "guerra infinita" de Bush contra el terrorismo -un "enemigo sin fronteras"- fue impuesta a Canadá y México por conducto de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN, 2005), y ante los fracasados intentos por fabricar una narcoguerrilla creíble, bajo el calderonismo adquirió la forma de una "guerra" a los cárteles de la droga, como elemento idóneo para la construcción social del caos y el miedo.
En ello han venido trabajando, sin éxito aparente por ahora, expertos en detonar desenlaces sociales y políticos mediante operaciones de guerra sicológica orientadas a direccionar y controlar la conducta social masiva.
La guerra asimétrica o de cuarta generación es descentralizada, dispersa y utiliza escenarios combinados sobre un territorio. En su desarrollo se borran las fronteras entre el soldado y los civiles, entre los campos de batalla y la seguridad urbana, y adquiere la forma de una violencia social extrema y sin orden aparente de continuidad. Elementos que están presentes en el México actual, un día en Ciudad Juárez, otro en Uruapan o Reynosa, otro más en Cancún o La Marquesa.
Dado que el empleo planificado de la propaganda y el uso de tácticas y estrategias de control social mediante la manipulación informativa y la acción sicológica le son consustanciales, en este tipo de guerra los medios de difusión masiva son los nuevos ejércitos de conquista. El bombardeo militar es sustituido por el bombardeo mediático. Las consignas y las imágenes sustituyen a las armas de destrucción masiva. Sólo que las consignas de Calderón en pro de una "cruzada" masiva contra los malos ("vamos ganando por goleada", "negociar con el narco, idea estúpida", "sin esta guerra el próximo presidente sería narcotraficante") y las imágenes con montañas de decapitados desnudos y otras expresiones de violencia extrema, así como la "operación limpieza" de malos funcionarios (impuesta por el Congreso bipartidista de Estados Unidos para liberar los fondos del Plan México) y los llamados a los comunicadores a ejercer un "periodismo patriótico" no prenden todavía en las audiencias objetivo del mensaje.
En el fondo, se busca anular la capacidad de pensar. Son consignas dirigidas a destruir el pensamiento reflexivo (información-procesamiento-síntesis) y a sustituirlo por una sucesión de imágenes sin resolución de tiempo y espacio (alienación controlada). El objetivo es que la gente no piense información (el qué, por qué y para qué de cada noticia), sino que consuma órdenes sicológicas direccionadas, de manera acrítica y pasiva. Cuando los medios bombardean a Bin Laden o Al Qaeda, se están consumiendo consignas de miedo asociadas con el "terrorismo islámico". Igual ocurre con Los Zetas y otras fabricaciones en México. Sólo que aquí es una guerra de malos contra malos en un Estado fracasado. Y para que México no colapse, Obama ya enviará a sus marines. A eso vino el almirante Mullen. Ir a principal
viernes, 29 de enero de 2010
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Hoy, mañana y en 2047 |
Nick Turse
TomDispatch.com
Hay algo vírico respecto al nuevo y asombroso armamento que el sistema bélico industrial está fabricando como churros. En la I Guerra Mundial, por ejemplo, cuando ese sistema se preparó por vez primera para planificar y producir nuevas armas por generación, esas creaciones –gas venenoso, los primeros aviones, los tanques- apenas tocaban el campo de batalla cuando ya el enemigo estaba desarrollando contramedidas y redoblando esfuerzos en su propia producción para crear algo similar. Y ese proceso no se ha detenido nunca.
El arma que en estos momentos resulta más asombrosa es el vehículo aéreo no tripulado armado con misiles, al que ahora se dedica a hacer nuestro trabajo sucio: una serie inacabable de asesinatos selectivos en las fronteras entre Afganistán y Pakistán.
Esas armas llegan siempre con proclamas maravillosas. Aquí va una muy típica sacada de un reciente editorial del Wall Street Journal: “Nunca antes en la historia de la guerra aérea habíamos sido capaces de distinguir de esa manera entre combatientes y civiles como podemos hacerlo con los aviones no tripulados”. En lo que a la guerra se refiere, desconfíen de cualquier frase que empiece con un “nunca antes”, así como de las proclamas de futuros avances o victorias que suelen acompañarlas.
Por supuesto que para los escritores del editorial del Journal es fácil exponer tan seguros sentimientos a miles de kilómetros de la zona de guerra. Sin duda alguna, se sentirían de forma muy distinta si sus pueblos natales y sus barriadas fueran los objetivos de ese armamento tan “preciso” y que, sin embargo, ha conseguido asesinar a cientos de civiles.
Los aviones no tripulados, por supuesto, hacen justo aquello para lo que se crearon, como seguramente hicieron también los gases venenosos, los aviones y los tanques a principios del siglo pasado: matar. Eso es indiscutible, pero los “grandes avances” prometidos, ya tengan como objetivo destruir las fortificaciones enemigas, las redes del enemigo o la voluntad del enemigo, rara vez son tan fiables. Y, sin embargo, una vez que el asombro se apaga y las sobreexcitadas proclamas con él, esas armas tan maravillosas se quedan en nuestro mundo y (aquí es donde entra en escena la parte vírica) empiezan a extenderse.
No hay pruebas de que en nuestras lejanas guerras los aviones no tripulados estén acabando ni con los talibanes (afganos o pakistaníes) ni con al-Qaida, pero nos sobran pruebas de que sí están ayudando a desestabilizar Pakistán y a crear allí intensos sentimientos anti-estadounidenses. Como el Secretario de Defensa Robert Gates indicó la pasada semana al llegar a Pakistán, ahora estamos pensando en darles a los pakistaníes nuestros propios aviones no tripulados, aunque desarmados, para labores de vigilancia, mientras que de Irán a China, de Israel a Rusia, las potencias de todas partes se apresuran a entrar a nuestro lado, o justo por detrás de nosotros, en la era de los incesantes asesinatos robóticos. Podrían pensar que esto daría una pausa al Pentágono, pero la perspectiva de una carrera de armamento hace que la sangre se eche a hervir, y cuando se trata de la guerra estilo Terminator, como Nick Turse les referirá a continuación, la Fuerza Aérea de EEUU tiene planes. ¡Chico, no sé cómo… pero siempre pasa lo mismo!
En una reciente mañana en la provincia de Helmand, en Afganistán, de repente, en cuestión de segundos, irrumpía por el cielo el zumbido de un motor. Y un momento después, un misil impactaba contra una casa matando a trece personas. Días después, el mismo y cada vez más familiar aullido mecánico precedió a una salva de dos misiles que impactaron sobre un recinto en el pueblo de Degan, en el distrito tribal del Norte de Waziristán, en Pakistán, matando a tres personas.
Lo que fueron una vez asesinatos selectivos no reconocidos y relativamente infrecuentes de supuestos terroristas o militantes durante los años de Bush, se ha convertido en algo habitual bajo la administración Obama. Y desde el devastador ataque-suicida del 30 de diciembre por parte de un doble agente jordano contra una base avanzada de operaciones de la CIA en Afganistán, los aviones no tripulados han estado cazando humanos a un ritmo de record en la zona de guerra de Af-Pak. En Pakistán, una “cifra sin precedentes” de ataques –que han matado tanto a guerrillas armadas como a civiles- han provocado mucho más temor, rabia y odio en las zonas tribales, mientras la CIA, con ayuda de la Fuerza Aérea de EEUU, emprende la guerra “secreta” más pública de los tiempos modernos.
En el vecino Afganistán, cada vez se utiliza más la aviación no tripulada -que fue escasa durante años y a la que fundamentalmente se encargaba de misiones de vigilancia- para asesinar a supuestos militantes como parte de un incremento aéreo que ha sobrepasado significativamente el tan publicitado “incremento” de fuerzas terrestres actualmente en marcha. Y sin embargo, aunque no tenga precedentes en tamaño y alcance, la aceleración actual de la guerra con aviones no tripulados es sólo la salva de apertura de un planeado incremento del Pentágono de cuarenta años de duración que creará flotas de sistemas aéreos no tripulados hipersónicos, ultra-avanzados, fuertemente armados, omnipresentes y cada vez más autónomos (UAS, por sus siglas en inglés).
El incremento actual
Los aviones no tripulados son las armas calientes del momento, y el próximo Quadrennial Defense Review [Revista de Defensa Cuatrienal] –un esquema de cuatro años, que se publicará muy pronto, de las estrategias, capacidades y prioridades del Departamento de Defensa para combatir las guerras actuales y contrarrestar futuras amenazas- refleja ya tal enfoque. Como informaba recientemente el Washington Post: “Los aviones sin piloto utilizados en misiones de vigilancia y ataque en Afganistán y Pakistán son una prioridad, y hay que acelerar la compra de nuevos aviones teledirigidos Reaper y ampliar los vuelos con aviones teledirigidos Reaper y Predator por todo 2013”.
El Predator MQ-1 –utilizado por primera vez en Bosnia y Kosovo en la década de 1990- y sus más modernos, más grandes y más letales primos, los Reaper MQ-9, están ahora lanzando proyectiles y arrojando bombas a un ritmo sin precedentes. En 2008, según se ha informado, hubo entre 27 y 36 ataques con aviones teledirigidos estadounidenses formando parte de la guerra secreta de la CIA en Pakistán. En 2009, hubo entre 45 a 53 de esos ataques. En los primeros dieciocho días de enero de 2010, ha habido ya once de ellos. Mientras tanto, en Afganistán, la Fuerza Aérea de EEUU ha instituido una muy publicitada disminución de ataques con aviones pilotados con objeto de reducir las víctimas civiles como parte de la estrategia de contrainsurgencia de la guerra afgana del General Stanley McChristal. Sin embargo, al mismo tiempo, los ataques con UAS han aumentado a niveles de record.
La Fuerza Aérea ha creado un sistema de mando y control global interconectado para llevar a cabo su guerra robótica en Afganistán (y como Noah Shachtman, del blog Wired’s Danger Room ha informado, para ayudar también a la CIA en sus ataques con aviones teledirigidos en Afganistán). Se pueden encontrar pruebas de todo esto en las bases de alta tecnología que EEUU tiene por todo el mundo, donde los pilotos [en tierra] de los aviones no tripulados y otro personal controlan los aviones mismos y los datos que provienen de ellos. Esos lugares incluyen un almacén médico convertido en la Base Aérea Al-Udeid, una instalación por valor de miles de millones de dólares ubicada en el Golfo Pérsico, en la nación de Qatar, donde la Fuerza Aérea supervisa secretamente sus continuas guerras con aviones teledirigidos; los Campos Aéreos de Kandahar y Jalalabad en Afganistán, donde los aviones teledirigidos tienen sus bases físicas; el centro de operaciones globales en la Base Aérea de Creech en Nevada, donde los “pilotos” de la Fuerza Aérea pilotan aviones por control remoto desde miles de kilómetros; y –quizás la más importante- la Base de la Fuerza Aérea en Wright-Patterson, una instalación de unos 18 kilómetros cuadrados en Dayton, Ohio, llamada así después de que dos hermanos de la localidad inventaran en 1903 los vuelos propulsados. Ahí es donde vencen las facturas del actual incremento de aviones teledirigidos –así como de las cifras limitadas de ataques en Yemen y Somalia-, y donde son, literalmente, pagadas.
De hecho, en los últimos días de diciembre de 2009, el Pentágono cortó dos cheques inmensos para asegurarse de que las operaciones no tripuladas con el Predator MQ-1 y al Reaper MQ-9 continúen a toda velocidad en 2010. El 703º Escuadrón de Sistemas Aeronáuticos, con base en Wright-Patterson, firmó un contrato por 38 millones de dólares con el gigante Raytheon para que proporcionara apoyo logístico a los sistemas de los programas de ambos aviones teledirigidos. Al mismo tiempo, el escuadrón firmó un acuerdo por valor de 266 millones de dólares con la megacontratista de defensa General Atomics, que fabrica los teledirigidos Reaper y Predator, para que proporcione servicios de gestión, apoyo logístico, reparaciones, mantenimiento del software y otras funciones en ambos aviones. Esos acuerdos aseguran esencialmente que en años venideros continuará el impresionante aumento de las operaciones con teledirigidos.
Sin embargo, esos contratos son tan sólo los pagos iniciales de un duradero incremento de teledirigidos diseñado para desplegar, en última instancia, durante décadas las operaciones aéreas no tripuladas estadounidenses.
El incremento de aviones teledirigidos: enfoque a largo plazo
Volvamos a 2004, la Fuerza Aérea podía enviar al mismo tiempo por los cielos un total de tan sólo cinco patrullas aéreas de combate con aviones teledirigidos (CAPs, por sus siglas en inglés) –cada una consistente en cuatro aviones- sobre las zonas de guerra de EEUU. En 2009, esa cifra era de 38, un aumento de un 660% según la Fuerza Aérea. De forma similar, entre 2001 y 2008, las horas de cobertura de la vigilancia para el Mando Central estadounidense, abarcando tanto las zonas de guerra iraquíes como afganas, así como las de Pakistán y el Yemen, mostraron un aumento masivo de un 1.431%.
Mientras tanto, las horas de vuelo han traspasado el tejado alcanzando las nubes. En 2004, por ejemplo, los Reapers empezaron tan sólo a elevarse y volaron un total de 71 horas, según documentos de la Fuerza Aérea; en 2006, esa cifra había aumentado a 3.123 horas; y el año pasado a 25.391 horas. Este año, la Fuerza Aérea proyecta que las horas de vuelo combinadas de todos sus teledirigidos –Predator, Reaper y los Global Hawks RQ/4- excedan de las 250.000 horas, alrededor del total de horas voladas por todos los teledirigidos de la Fuerza Aérea desde 1995 a 2007. En 2011, se espera cruzar por vez primera la barrera de las 300.000 horas de vuelo, y después de eso, el límite lo pone el cielo.
Más horas de vuelo van a significar, indudablemente, más asesinatos. Según Peter Bergen y Katherine Tiedemann, del think tank con sede en Washington la New America Foundation, en los años de Bush, desde 2006 a 2009, hubo 41 ataques con teledirigidos en Pakistán que mataron a 454 personas entre combatientes y civiles. El pasado año, bajo la administración Obama, hubo 42 ataques que causaron 453 muertos. Un informe reciente del Instituto de Pakistán de Estudios para la Paz, una organización de investigación independiente con sede en Islamabad que le sigue la pista a cuestiones de seguridad, afirmó que incluso una cifra aún mayor, 667 personas –en su mayoría civiles- murieron asesinadas el pasado año por los aviones teledirigidos estadounidenses.
La Fuerza Aérea, aunque ayuda en las operaciones de la CIA con aviones teledirigidos en las fronteras tribales pakistaníes, ha estado aumentando sus propias misiones aéreas de caza y asesinato con aviones no tripulados. En 2007 y 2008, por ejemplo los Predator y los Reaper de la Fuerza Aérea arrojaron misiles durante 244 misiones en Iraq y Afganistán. En realidad, aunque todos los servicios armados estadounidenses han desplegado misiones de guerra aérea con aviones no tripulados, la Fuerza Aérea ha superado a todos y cada uno de ellos.
Desde 2001, cuando empezaron las operaciones con teledirigidos armados, hasta la primavera de 2009, la Fuerza Aérea disparó 703 misiles Hellfire y arrojó 132 GBU-12 (bombas guiadas por láser de unos 230 kilos de peso cada una) en operaciones de combate. El ejército, en comparación, lanzó sólo dos misiles Hellfire y dos bombas más pequeñas, las GBU-44 Viper Strike, en el mismo período de tiempo. La disparidad debería seguir creciendo, ya que los teledirigidos del ejército siguen llevando a cabo sobre todo pequeñas misiones aéreas de vigilancia, mientras que en 2009, la Fuerza Aérea cambió todas las órdenes pendientes para el avión de tamaño medio Predator por el incluso más formidable Reaper, que no sólo es dos veces más rápido sino que tiene un 600% más de capacidad de carga explosiva, lo que significa más espacio para bombas y misiles.
Además, los Reaper, dotados de mucho más armamento, que pueden ahora merodear sobre una zona entre diez a catorce horas sin reabastecerse de fuel, podrán descubrir y rastrear más objetivos aún mediante un sistema de control por video cada vez más sofisticado. Según el Teniente General de la Fuerza Aérea David Deptula, Jefe Adjunto del Estado Mayor de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento, los primeros “módulos espaciales Gorgon Stare” –nuevos sensores para zonas amplias que proporcionan capacidades de vigilancia sobre enormes franjas de territorio- se instalarán esta primavera en los Reaper que operan en Afganistán.
Los Gorgon Stare, una tecnología de la que los viejos Predator no pueden disponer, permitirán que diez operadores vean diez señales de video desde un único teledirigido al mismo tiempo. Desde una base lejana, un “piloto” mirará una pantalla mosaico con un cuadro compuesto del video del campo de batalla transmitido en tiempo real, que permitirá también que los comandantes de campo analizan una parte de la foto digital, haciendo barridos, zoom y desplazando la imagen para satisfacer sus necesidades.
Una serie más avanzada de “sensores”, que está programado que se desplieguen por vez primera este próximo otoño, permitirá que 30 operadores vean a la vez 30 imágenes de video simultáneamente. Es decir, a través de las tomas de video de un solo teledirigido Reaper, los operadores podrían, teóricamente, seguir a 30 personas diferentes que van en 30 direcciones desde un único recinto afgano. La generación de sensores que se espera pueda conectarse a Internet a finales de 2011, promete 65 de ese tipo de tomas, según documentos de la Fuerza Aérea, un aumento de más del 6.000% en eficacia sobre el sistema de video de los Predator. Sin embargo, la Fuerza Aérea se siente abrumada ya por los videos que los teledirigidos están enviando desde las zonas de guerra y, en años venideros hay riesgo de que “nos ahoguemos en datos”, según Deptula.
El plan para 40 años
En lo que se refiere al incremento de aviones teledirigidos, los años 2011-2013 son sólo el horizonte cercano. Aunque, al igual que el Ejército, la Marina está trabajando en su propia capacidad bélica futura con teledirigidos –en el aire así como también bajo el agua-, la Fuerza Aérea se ha implicado en niveles asombrosos de planes futuristas de guerra robótica. Se prevé un futuro imaginado anteriormente sólo en las películas de ciencia ficción como las series Terminator.
Para empezar, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa o DARPA (por sus siglas en inglés), el equipo del Pentágono que investiga los cielos, está tratando ya de mejorar radicalmente el Gorgon Stare con un “Sistema Autónomo de Vigilancia Omnipresente del Terreno por Infrarrojos en Tiempo Real (ARGUS-IR, por sus siglas en inglés)”. En el obtuso lenguaje de la investigación y desarrollo militar, eso proporcionará, según DARPA, “una persistente capacidad de vigilancia por video de alta resolución, a tiempo real y sobre amplias áreas que permita que fuerzas conjuntas mantengan áreas de interés bajo constante vigilancia con un grado alto de precisión en la detección de objetivos”, a través de hasta “130 flujos manejables de videos ‘estilo Predator’ que permitan el seguimiento y control en tiempo real y mejoren el conocimiento de la situación durante las horas nocturnas”.
Traduciendo, eso significa que la Fuerza Aérea se verá literalmente inundada con información por video de futuros campos de batalla; y cada “avance” de este tipo significa que aumentará el volumen de la red global de instalaciones, sistemas y personal capaz de recibir, controlar e interpretar el flujo de datos que entra desde distantes ojos digitales. Todo ello, por supuesto, está específicamente dirigido a “localizar objetivos”, es decir, señalar a una serie de personas en una parte del mundo para que los estadounidenses del otro lado puedan observar, seguirles la pista y, en muchos casos, matarles.
Además de mejorar los sistemas y sensores como con el ARGUS-IR, la Fuerza Aérea tiene una visión a largo plazo de la guerra con aviones teledirigidos que apenas está empezando a hacerse realidad. A los Predator y Reaper se ha unido en Afganistán un teledirigido nuevo que antes era secreto, un “sistema de aeronaves no tripuladas apenas observable” que se detectó por vez primera en 2007 y se denominó la “Bestia de Kandahar” antes de que los observadores estuvieran seguros de lo que era. Ahora se le conoce como el RQ-170, vehículo aéreo no tripulado fabricado por la Lockheed Martin, del que la Fuerza Aérea indica suavemente que se diseñó para “apoyar directamente las necesidades de los comandantes de combate en cuanto a la inteligencia, vigilancia y reconocimiento para localizar objetivos”. Según fuentes militares, el elegante y sigiloso avión de vigilancia se diseñó para sustituir al antiguo avión espía Lockheed U-2, que ha estado en uso desde los años de la década de 1950.
Se ha programado para los próximos años que al RQ-170 se le unan, en los cielos de las “próximas guerras” de EEUU, toda una flota de aviones teledirigidos con cada vez más sofisticadas capacidades y destructivos poderes. Mirando hacia el futuro posterior a 2011, Deptula considera como la necesidad más esencial, según un informe de Aviation Week, “los ataques de precisión [y reconocimiento] de largo alcance”, es decir, más ojos por cielos remotos y más letalidad. Añadió: “No podemos avanzar hacia el futuro sin una plataforma que nos permita proyectar poder a más larga distancia y enfrentar amenazas avanzadas de forma que nos proporcione ventajas que ninguna otra nación tenga”.
Esto significa teledirigidos más veloces, más grandes y más letales –armados hasta los dientes- con sistemas de sensores que permitan controlar amplias franjas de territorio y capacidad para merodear desde lo alto durante varios días seguidos en espera de que aparezcan objetivos humanos y, a su debido tiempo, desintegrarlos con potente munición. Es un futuro construido a partir de tecnologías avanzadas diseñadas para perpetrar asesinatos selectivos –asesinatos por control remoto- cada vez con menos esfuerzo.
Sobre el horizonte y en profundidad aparece lo que era, hasta hace bien poco, sólo una fantasía de la pantalla de plata, la Fuerza Aérea prevé una amplia gama de aviones no tripulados, desde robots tan diminutos como insectos hasta enormes aviones teledirigidos del “tamaño de un petrolero”. Se programará cada uno para que asuma funciones específicas de hacer la guerra (o eso es lo que imaginan los soñadores de las Fuerzas Aéreas). Esos aviones no tripulados de tamaño nanométrico, se especializarán, por ejemplo, en reconocimiento de interiores –son lo suficientemente pequeños como para volar a través de ventanas o introducirse por los huecos de ventilación- y llevar a cabo ataques letales, emprender ataques cibernéticos que inutilicen ordenadores, y pulular, como haría un grupo de abejas cabreadas, por voluntad propia. Se supone que los Sistemas Tácticos de Aviación No Tripulados de Tamaño Pequeño (STUAS, por sus siglas en inglés), ligeramente más grandes que los anteriores, actuarán como “transformadores”, alterando su estructura de forma que les permita asumir capacidades de vuelo, de avance lento, pasando desapercibidos visualmente. Podrían desempeñar papeles de centinela, de misiones contra aviones no tripulados, de vigilancia y ataques letales.
Además, la Fuerza Aérea prevé también aviones no tripulados de combate de tamaño pequeño y mediano con capacidades letales de combate que podrían hacer que la actual flota aérea de UAS se avergonzara. Los actuales Reaper de tamaño medio serán sustituidos por la próxima generación de teledirigidos MQ-Ma, que “se conectarán a una red, tendrán posibilidades de autonomía parcial, en cualquier situación climatológica, compuesto de módulos y con capacidades para apoyar una plataforma de misiones de guerra electrónica (EW, por sus siglas en inglés), CAS [siglas en inglés de apoyo aéreo directo], ataque, multi-INT [multi-inteligencia] y ISR [inteligencia, vigilancia y reconocimiento]”.
Puede que el lenguaje no sea elegante y mucho menos comprensible, pero si esos futuros aviones de combate pueden conectarse a internet, no sólo enviarán a los grandes pilotos de combate de ahora al retiro, sino que puede que incluso marginen a los operadores humanos de los teledirigidos del mañana, quienes, si todo marcha como se ha planeado, tendrán cada vez menos tareas. A diferencia de los aviones no tripulados actuales que deben despegar y aterrizar guiados por humanos, los MQ-Ma serán automatizados y los operadores de los teledirigidos estarán simplemente allí para monitorizar el avión.
Lo siguiente será el MQ-Mb, teóricamente capaz de asumir más aún los roles que anteriormente se asignaban a los aviones-espías y a los bombarderos de combate, incluyendo la supresión de las defensas aéreas del enemigo, el bombardeo y ametrallamiento de objetivos terrestres y misiones de vigilancia. Estos aviones se diseñarán para que vuelen con una autonomía mayor y puedan vincularse mejor con otras “plataformas” de teledirigidos para misiones de cooperación que impliquen a muchos aviones bajo el mando de un único “piloto”. Imaginen, por ejemplo, un operador supervisando un único avión no tripulado de mando que tiene el dominio sobre un pequeño escuadrón de teledirigidos autónomos que llevan a cabo un ataque aéreo coordinado sobre grupos de personas en alguna tierra lejana, incinerándoles en pequeños grupos por toda una aldea, pueblo o ciudad.
Finalmente, quizá en unos 30 ó 40 años, el teledirigido MQ-Mc incorporará todos los avances de la línea MQ-M y estará capacitado para hacer de todo, desde azuzar a perros hasta defender misiles. Desde luego, con una tecnología de ese calibre, llegarán nuevas políticas y nuevas doctrinas. En años futuros, la Fuerza Aérea intentará tomar decisiones políticas sobre los teledirigidos en todos los aspectos, desde las estipulaciones de un tratado hasta comprometer objetivos automáticos y los asesinatos mediante robot sin que intervenga para nada un ser humano. Este último desarrollo, extremadamente controvertido, se considera ya como una realidad posible de 2025 en adelante.
2047: Lo viejo es nuevo otra vez
El año 2047 es la fecha fijada para el Santo Grial de la Fuerza Aérea, el broche final de su plan a largo plazo para transformar los cielos a partir de aviones no tripulados de combate. En 2047, la Fuerza Aérea tratará de dominar los cielos con teledirigidos MQ-Mc y teledirigidos hipersónicos de “especial” velocidad punta, para los cuales no existe aún ni la tecnología necesaria ni ningún enemigo con ningún programa o capacidad comparable. A pesar de ello, la Fuerza Aérea tiene la intención de convertir en realidad esos sistemas para cazar y matar de rapidez inmensa. “Es probable que se tarde veinte años en desarrollar la tecnología propulsora y los materiales que puedan resistir el probable calor extremo. Esta tecnología será la siguiente generación que supondrá un revulsivo en toda la caza aérea. Por tanto, no debería esperarse para priorizar la financiación para el desarrollo tecnológico específico hasta la aparición de una necesidad crítica de COCOM [mando combatiente]”, según se expresa en el “Plan de Vuelo” para UAS de la Fuerza Aérea para 2009-2047.
Si llegara a materializarse algo parecido a los sueños de la Fuerza Aérea, cambiaría radicalmente todos los sistemas de “caza”. Para 2047, no hay forma de saber cuántos teledirigidos estarán dando vueltas sobre cuántas cabezas en cuántos lugares por todo el planeta. No hay forma de saber tampoco cuántos millones o miles de millones de horas de vuelo se habrán volado, o cuantas personas, en cuántos países habrán sido asesinadas por sistemas de aviones no tripulados accionados por control remoto que arrojan bombas, disparan misiles y se han abrogado el derecho a ser juez, jurado y verdugo.
Sólo hay algo que es obvio. Si EEUU existiera aún en su forma actual, si todavía fuera solvente y tuviera todavía un Pentágono en funcionamiento con su actual estructura, habrá ya en camino un nuevo plan para crear las tecnología bélicas de 2087. Para entonces, en cada vez más lugares, la gente vivirá con la modalidad de guerra con teledirigidos que ahora sólo causa preocupación y temor en lugares como el pueblo de Degan. Cada vez más gente sabrá que hay sistemas aéreos no tripulados dotados con misiles y bombas que están merodeando por sus cielos. Para entonces, indudablemente, ya no habrá siquiera ese sonido parecido al motor de una cortadora de césped que avisa que un misil puede pronto estrellarse contra la casa de tu vecino.
Para la Fuerza Aérea, esa perspectiva es el material del que están hecho los sueños, un futuro brillante para la letalidad hipersónica no tripulada; para el resto del planeta, es una potencial pesadilla de la que no habrá forma de despertar.
Nick Turse es editor asociado de TomDispatch.com y ganador del Premio Ridenhour 2009 a la Distinción Informativa, así como el Premio James Aronson para el Periodismo de Justicia Social. Sus trabajos se publican en Los Angeles Times, The Nation, In These Times y, regularmente, en TomDispatch. Turse es actualmente miembro del Center for the United States and the Cold War de la Universidad de Nueva York. Es autor de “The Complex: How the Military Invades Our Everyday Lives”, (Metropolitan Books). Su página en Internet es: NickTurse.com
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175195/tomgram:_nick_turse,_the_forty-year_drone_war_/
lunes, 18 de enero de 2010
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lunes 18 de enero de 2010 EEUU tiene la tecnología militar para generar terribles catástrofes naturales: proyecto Haarp |
Por Chevige González Marcó/ Patria Grande
15 de enero de 2010.- Apenas 48 horas después de que el mundo empezara a conocer sobre las terribles consecuencias generadas por el terremoto de 7,3 grados en la escala de Ritcher, registrado en Haití, ya Barack Obama anunciaba que 3 mil 500 soldados estadounidenses partirían de inmediato a Haitía a brindar "solidaridad".
La tragedia de Haití generó expresiones inmediatas de cooperación por parte de decenas de países. El pequeño aeropuerto de Puerto Príncipe colapsó, ya Estados Unidos tiene control directo del aeropuerto.
La tragedia de Haití generó expresiones inmediatas de cooperación por parte de decenas de países. El pequeño aeropuerto de Puerto Príncipe colapsó, ya Estados Unidos tiene control directo del aeropuerto.
Según Roger Searle, profesor de geofísica en la Universidad de Dirham (Reino Unido) El terremoto de Haití fue 35 veces más potente que la bomba de Hiroshima. El catedrático también comparó la energía liberada por el terremoto en el país caribeño con la explosión de medio millón de toneladas de TNT.
Sin embrago, según la tesis de Searle, la energía liberada en el terremoto de Haití es una centésima de la que estalló durante el devastador Tsunami en la denominada Banda Aceh, al sur de Asia. Sin duda ese tsunami y su poder destructor causaron una terrible impresión en la humanidad.
Algunos lectores dirán: esos fenómenos son la consecuencia de la contaminación y la destrucción del planeta; otros dirán: los terremotos siempre han existido y forman parte de la forma como está constituido nuestro planeta; y otros se preguntarán ¿estos fenómenos tendrán únicamente causas naturales o alguna potencia interesada en seguir ocupando espacios estratégicos está detrás de un plan militar imperial de proporciones inimaginables?
La Fuerza Aérea Estadounidense desarrolla un peligroso proyecto, que parece sacado de una película de ficción, pero no lo es, y que la comunidad internacional no sabe si ya está en ejecución. Se trata del proyecto Haarp, un sistema que puede generar violentos e inesperados cambios en el clima.
La traducción al castellano de las siglas Haarp es: Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia. Funciona a partir del ataque a la ionósfera con ondas de alta frecuencia con la potencia de 1GW, lanzadas a partir de un complejo de antenas ubicadas en Alaska. Los estadounidenses habrían logrado reproducir artificialmente una aurora boreal. Mediante este sistema pueden utilizar la energía que está presente fuera del espacio terrestre y reconducirla a los fines de generar bruscos cambios de clima. De esa forma se podrían utilizar al Haarp como un arma de guerra.
¿Será el Haarp mito o paranoia antiestadounidense?, no, en su resolución de 28 de enero de 1999 sobre medio ambiente, seguridad y política exterior (A4-0005/1999), el Parlamento Europeo señalaba que el programa HAARP manipulaba el medio ambiente con fines militares y solicitaba que HAARP. El organismo europeo, lejano de sospechas de ser antiimperialista pidió que se estableciera un convenio internacional que prohibiera el desarrollo de la máquina del clima.
De acuerdo con investigaciones científicas precedentes y relacionadas con la manipulación de frecuencias en la ionósfera, se conoce que mediante satélites u otros instrumentos de reconducción se puede utilizar los llamados hipocampos que generan los Haarp para otros usos distintos al cambio climático, incluso para aspectos que no necesariamente son dañinos a la humanidad, como generar capa de ozono. Los Haarp potencialmente tendrían también la capacidad, de desintegrar objetos, generar combustiones espontáneas e inducidas, e incluso cambiar patrones cerebrales, inducir conductas y producir enfermedades biológicas.
Investigaciones sobre el proyecto Haarp han surgido desde universidades estadounidenses y centros europeos. Uno de los pioneros en la investigación sobre Haarp es Nick Begich, un investigador científico de Anchorage, Alaska, la región donde se ubican las antenas del proyecto. La investigación de Begich no fue sólo científica, sino también política. Descubrió las conexiones entre patentes reservadas y de carácter secreto del gobierno estadounidense, y luego de las empresas conexas que se iban haciendo cargo de patentes relacionadas. Entre ella denunció el investigador, habían algunas que se referían a "cómo hacer "Explosiones de tipo Nuclear sin Radiación", sistemas radiantes de energía, el radar de sobrehorizonte, sistemas de detección para misiles que lleven cabezas nucleares, pulsos electromagnéticos antes producidos por armas termonucleares y otros recursos de la Guerra Espacial".
Entre quienes han escrito sobre proyectos relacionados con los Haarp, se encuentra Zbigniew Brzezinski, quien fuera asesor de seguridad del ex presidente Jimmy Carter, y a quien relacionan con la tendencia política dentro del sistema de poder estadounidense que representa Barack Obama. Brzezinski se refirió a las alternativas existentes para lograr cambios en el pensamiento de los seres humanos y en la guerra ecológica. Dijo que a pesar de las incomodidades que podría generar eso en ciertos sectores, el uso de tecnologías como los Haarp era inevitable.
¿Representaba una amenaza Haití para los intereses estadounidenses?, evidentemente no, tampoco es una nación que a simple vista posea recursos naturales indispensables para Washington. Lo que si representa Haití es una posición geográfica clave en el Caribe, en el contexto de una Latinoamérica que está librando los procesos de recuperación de soberanía más importantes desde la Guerra de Independencia.
Es además Haití, uno de los países más pobres del mundo, tratado tanto por EEUU como por algunas potencias europeas como un campo de experimentación. Del Imperio pocas cosas se pueden dudar.
Foto: Antenas del proyecto HAARP, que algunos afirman que puede utilizarse para modificar el clima.
http://www.aporrea.org/actualidad/n148866.html
Otros textos relacionados con este tema y en general, con la presencia yanqui en Haití:
Daniel Ortega: EEUU está aprovechando tragedia de Haití para instalarse en el Caribe
http://www.aporrea.org/internacionales/n148923.html
De Copenhague a Puerto Príncipe / Alirio Montoya
http://www.aporrea.org/tiburon/a93486.html
Genial bellacada imperial / Darío Botero Pérez
http://www.aporrea.org/tiburon/a93465.html
Invadir el mundo / Roberto Hernández Montoya
http://www.aporrea.org/ddhh/a93468.html
El gendarme del mundo: La solidaridad a punta de invasiones / Obed Juan Vizcaíno Nájera
http://www.aporrea.org/ddhh/a93446.html
http://lucha-revoluciona.blogspot.com/
viernes, 8 de enero de 2010
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Yemen: el nuevo frente de guerra de EEUU |
Tras el atentado frustrado contra una aerolínea estadounidense el día de Navidad, Estados Unidos prometió aumentar la asistencia militar a Yemen, donde habría sido entrenado el terrorista.
Por Charles Fromm
El Estado de Yemen ha estado desde hace tiempo al borde del colapso, azotado por la corrupción, la violencia y la pobreza. Más de una década después de su guerra civil y reunificación, un movimiento secesionista en el sur aún amenaza la estabilidad, mientras continúa la insurgencia en su frontera norte con Arabia Saudita, liderada por la poderosa milicia chiíta Houthi.
Pero Washington quiere que el gobierno del presidente Ali Abdallah Saleh se concentre en combatir a la red radical islámica Al Qaeda, a la que el propio Barack Obama responsabilizó del intento de atentado perpetrado por un nigeriano que viajaba en un vuelo comercial desde Ámsterdam hasta la nororiental ciudad estadounidense de Detroit.
"Al Qaeda en la península Arábiga lo entrenó, lo equipó con esos explosivos y le ordenó que atacara un avión que se dirigía a Estados Unidos", dijo Obama el domingo. "Entonces, como presidente, he elegido como prioridad fortalecer nuestra sociedad con Yemen".
Para impulsar a Saleh a la acción, funcionarios de Washington anunciaron que duplicarán el actual paquete de ayuda militar y seguridad a Yemen. El general David Petraeus, jefe del Comando Central, se reunió con Saleh el viernes pasado en Sana’a. "Es bien conocido: tuvimos unos 70 millones de dólares en asistencia a seguridad el año pasado. Eso más que se duplicará el año próximo", dijo Petraeus.
Washington también tiene previsto proveer 63 millones de dólares en ayuda al desarrollo, dijo el lunes el portavoz del Departamento de Estado (cancillería), Ian Kelly.
Esto es mucho más que los 8,4 millones de dólares dados en 2008 por la administración de George W. Bush (2001-2009), y un poco más que los 40,3 millones de dólares otorgados en 2009.
Al Qaeda tiene una suerte de filial en la península Arábiga creada formalmente en 2009 con la consolidación de dos grupos separados de la red en Arabia Saudita y Yemen. Fue de las áreas tribales yemeníes que los combatientes de Al Qaeda lanzaron su primer ataque contra intereses estadounidenses en el Golfo: el atentado con bomba en 2000 al barco de guerra USS Cole, en el que murieron 13 militares.
La filial de Al Qaeda en la península Arábiga se ha fortalecido en los últimos años, particularmente después de la fuga en febrero de 2006 de 23 combatientes en Sana’a, incluyendo a su líder, Nasser Abdul Karim al Wuhayshi.
Sus filas se han ampliado con el alistamiento de ex presos yemeníes y sauditas de la cárcel de Guantánamo, repatriados y sometidos a programas estatales de "des-radicalización".
Entre ellos Said Ali al Shiri, quien se cree es el segundo de Al Wuhayshi. Al Qaeda concretó alianzas con varios grupos tribales que históricamente han desafiado al gobierno central yemení, y parece dispuesta a explotar el deterioro de la autoridad, que actualmente no se extiende más allá de la capital.
Con el fuerte estímulo de Washington, el presidente Saleh habría desplegado 10.000 soldados el fin de semana pasado contra supuestos baluartes de Al Qaeda en el este de la capital. El lunes se habrían producido varios combates.
Esta nueva campaña siguió a una serie de ataques aéreos estadounidenses y yemeníes el 17 y el 24 de diciembre, en la que habrían muerto combatientes de Al Qaeda. Testigos afirman que la mayoría de los muertos en el primer ataque eran mujeres y niños.
Analistas creen que la nueva ofensiva es el último ejemplo del equilibrio practicado por Saleh, quien recibe fuerte apoyo de Occidente y de Arabia Saudita en tanto persigue sólo a combatientes islámicos sin rango jerárquico, para no ofender a influyentes jefes tribales cuyo apoyo necesita para mantener el poder, pero que también son aliados a Al Qaeda.
Saleh ha mantenido vínculos con varios grupos militantes sunitas a los que convocó a pelear contra un movimiento secesionista del sur en 1994, muchos de los cuales eran veteranos combatientes contra la ocupación soviética en Afganistán. Algunos de esos grupos simpatizan con Al Qaeda.
Frente a la insurgencia houthi en el norte y el creciente movimiento secesionista en el sur, el gobierno de Yemen "está preocupado por mantener a Saleh en el poder a cualquier costo", escribió esta semana el analista de Medio Oriente Mark Lynch en su blog Foreignpolicy.com.
"El gobierno yemení sin duda estará feliz de tomar dinero estadounidense e internacional para apoyar un ataque a sus enemigos, pero no espero que eso sirva para que hagan lo que queremos que hagan", añadió.
Saleh, cuyo gobierno afronta una caída en los ingresos de petróleo y un creciente desempleo, recibe ayuda clave también de Arabia Saudita.
Los sauditas, dispuestos a ejercer su influencia regional mientras a la vez le envían un mensaje a su propia población chiíta, apoyan operaciones militares contra los rebeldes houthi y brindan asistencia financiera por 2.000 millones de dólares.
En un informe divulgado el mes pasado, el Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense alertó que Yemen, el país árabe más pobre, "sigue al filo de la navaja".
El Centro además llamó a Washington a incrementar significativamente tanto la asistencia militar como al desarrollo como parte de una estrategia contrainsurgente que asegure la supervivencia del Estado y acabe con la amenaza de Al Qaeda.
http://www.180.com.uy/articulo/Yemen-nuevo-frente-de-EEUU
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