lunes, 16 de junio de 2008

Etiopía, en su primera crisis del siglo


La hambruna en el país africano se debe esta vez sólo al precio del cereal | 150.000 niños pueden morir en las próximas cuatro semanas, según los cálculos de Unicef

Chapoteando en el barro, unas mujeres sujetaban en la cabeza bolsas llenas de pimientos secos mientras unos hombres cargaban sacos de cereales de cien kilos. Nadie hablaba de desabastecimiento en el caótico Mercato de Adís Abeba el pasado viernes. Sólo de precios. "Está a mil birr (65 euros) el saco; hace una semana estaba a 950", dijo una vendedora, dejando escurrir entre los dedos granos blancos tan finos como el polvo. Era tef, el cereal nacional de Etiopía, cuyo precio se ha duplicado en cuatro meses. "¿Por qué? Eso no lo sabemos. Pregúnteselo a los comerciantes", dijo.
Los primeros muertos por inanición de la actual crisis mundial de alimentos se producen en estos momentos en el sur y el oeste de Etiopía. El número de familias que acuden a la unidad de emergencia de Shashamane, a 250 kilómetros al sur de Adís Abeba, ha subido de tres a 50 al día, explicaron portavoces del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en la capital etíope. Unicef calcula que 150.000 niños pueden morir en las cuatro próximas semanas.

Sequía y cosechas fallidas son las causas inmediatas de la carestía. Pero una subida del 150% del precio de los cereales - principal fuente de calorías de la mayor parte de los etíopes- ha ido minando la resistencia de todos. Y más grave que nada es el encarecimiento brutal del tef, del cual se elabora la injera,pan gomoso que es el alimento básico de todos los etíopes.

La hiperinflación del tef -que sólo se cultiva en Etiopía- se produce, curiosamente, en un momento en que empieza a despertar el interés de la lucrativa industria dietética en Europa y Estados Unidos. El tef "es maravilloso, es el grano del futuro", dijo Hans Turkensteen, consejero delegado de la empresa holandesa Soils and Crop Improvement, que pretende patentar productos elaborados con tef. "No tiene gluten y si lo comes pierdes peso y reduces colesterol", añadió Turkensteen, que ya comercializa una nueva línea de galletas adelgazantes hechas con tef.

Etiopía, con 80 millones de habitantes, el 85% rural y el 10% dependiente de forma permanente de ayudas alimentarías, conoce de sobra las hambrunas. La primera se registró en el siglo XIX y hace veinte años más de un millón de personas murieron de hambre.

Pero en el pasado -consecuencia de guerras, desplazamiento de población y sequías devastadoras- estaban concentradas en determinadas regiones del país, siempre rurales. Ahora la gente pasa hambre hasta en Adís Abeba, a escasos metros del suntuoso hotel Sheraton, el más lujoso de África. "Yo tengo trabajo y una buena vida, pero estos son los tiempos más terribles que conozco - dijo Wudneh Mangasha, mecánico de coches de 65 años, con seis hijos-. Hay gente muy hambrienta, y si sigue así morirá".

La hiperinflación del tef se produce pese a una buena cosecha y a que no se comercializa en mercados internacionales. Sustituto de otros cereales que sí son mercancías internacionales, el tef sigue su trayecto inflacionista. Es más, la subida de la gasolina aumenta el coste de trasportar alimentos, así como fertilizantes. Y en un país sin excedente de cereales cualquier crisis desencadena especulación. "Las granjas comerciales acaparan; las familias de renta media-alta también", explicó el comerciante Zenebe Dechasa, cuyo Toyota Carina rojo contrastaba con decenas de burros de transporte de los campesinos que llegaban al Mercato. Los acaparadores "se comportan exactamente como deberían en un mercado libre con demanda sostenida y oferta escasa", afirma Raj Patel en su nuevo libro Obesos y famélicos.

Con baja productividad agrícola y una población que alcanzará los 130 millones en el 2020, Etiopía es la pesadilla de quienes, al igual que el economista Thomas Malthus en el siglo XIX, temen que la producción de comida no podrá con el crecimiento demográfico. Pese al éxito inicial, la llamada revolución verde - en los años sesenta y setenta, cuando los rendimientos en África subían el 4% al año-, la tecnología de fertilizantes, pesticidas y supersemillas ha fracasado y los rendimientos han vuelto a los niveles anteriores. "Incluso en los mejores años Etiopía no genera suficiente excedente", dice Mafa Chipeta, representante de la FAO, la organización para los Alimentos y la Agricultura.

Raj Patel y los defensores de estrategias de soberanía alimentaria proponen recuperar lo bueno de la revolución verde - apoyo estatal a las granjas pequeñas, reservas de cereales y autosuficiencia nacional y regional- sin lo malo: dependencia de fertilizantes, pesticidas y semillas de multinacionales como Monsanto.

Pero este plan frustraría los planes no sólo de Hans Turkensteen sino de Bill y Melinda Gates, que han donado cien millones de euros para idear la nueva revolución verde en África con la colaboración del ex presidente de Monsanto. Si sigue adelante, la nueva revolución tecnológica supondrá con toda seguridad un papel menor para el tef. Porque, aunque sea el cereal del futuro en los países del sobrepeso, "tiene baja productividad y reducidas posibilidades de manipulación genética", dice Chipeta.

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