sábado, 10 de mayo de 2008

Cambio Climático: Un S.O.S. ante posibles efectos devastadores




Astrid Barnet
Colaboradora de Rebelde
Mayo 8, 2008, 9:30a.m.

Científicos alertan acerca de las constantes y desmedidas emisiones de gases de efecto invernadero que podrían provocar, a mediados o finales del presente siglo, cambios en las condiciones esenciales que hicieron posible la aparición de vida en la Tierra.
El vapor de agua, el dióxido de carbono y los otros gases de efecto invernadero que existen en forma natural en la atmósfera, absorben gran parte de la radiación infrarroja ascendente que emite la Tierra, impidiendo que la energía pase directamente de la superficie terrestre al espacio. Según un artículo publicado recientemente en la revista británica Nature: “La energía no puede acumularse por lo que el clima deberá adaptarse de alguna manera para deshacerse de ese excedente, y si bien un dos por ciento puede no parecer mucho, tomando a la Tierra en su conjunto, ello equivale a retener el contenido energético de tres millones de toneladas de petróleo por minuto”.


El Cambio Climático

Hace alrededor de 65 millones de años un asteroide gigante entró en colisión con la Tierra. Según investigaciones científicas, el choque arrojó tanto polvo a la atmósfera que dejó al mundo en tinieblas durante años. La luz solar se redujo impidiendo el crecimiento de numerosas plantas, las temperaturas descendieron, la cadena alimenticia se rompió y muchas especies, como los dinosaurios, desaparecieron.

Otra teoría afirma que los seres humanos evolucionaron hace unos seis millones de años cuando las temperaturas globales descendieron considerablemente y las precipitaciones disminuyeron. Los primates superiores parecidos a los simios del Great Rift Valley, en África, solían refugiarse en los árboles, pero como consecuencia de esta variación climática de larga duración, los bosques fueron reemplazados por praderas.

Así, los primeros simios o Primates se encontraron en una planicie vacía mucho más fría y seca que su medio anterior, y sumamente vulnerables ante los depredadores. Aparentemente, se adaptaron con dos saltos evolutivos. Primero, adoptaron la postura erecta, que les permitió recorrer largas distancias a pie, con las manos libres para cualquier actividad y, más tarde, su cerebro se tornó mucho más voluminoso, aprendieron a manejar instrumentos y se convirtieron en omnívoros.

A partir de entonces, las variaciones climáticas han modelado el destino de la humanidad, y el ser humano ha reaccionado en gran medida adaptándose, emigrando y desarrollando su inteligencia.

Asimismo, el hombre ha provocado –y sigue haciéndolo--, cambios en el equilibrio de los gases que componen la atmósfera, particularmente los gases de efecto invernadero principales, como el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O). Estos gases, que se encuentran normalmente presentes en la atmósfera, representan menos de una décima parte del uno por ciento de la atmósfera total, compuesta principalmente de oxígeno (21 por ciento) y nitrógeno (78 por ciento), pero son vitales porque actúan como una manta natural alrededor de la Tierra, sin la cual la superficie de nuestro Planeta sería cerca de 30°C más fría que en la actualidad.

Por ejemplo, cuando quemamos carbón, petróleo y gas natural, liberamos cuantiosos volúmenes de dióxido de carbono en el aire, al igual que cuando destruimos los bosques, y dejamos escapar a la atmósfera el carbono almacenado en los árboles.

Otras actividades esenciales, como la cría de ganado y el cultivo de arroz, también emiten metano, óxido nitroso y otros gases de efecto invernadero.

Si las emanaciones continúan aumentando al ritmo actual, es casi seguro que en el presente siglo los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera duplicarán los registros preindustriales y si no se toman medidas para frenar dichas emisiones, es muy probable que los índices se triplicarán para el año 2100.

De acuerdo con el consenso científico, el resultado más directo podría ser un calentamiento de la atmósfera global durante los próximos 100 años, a lo que se adicionarían otros efectos como cambios en el régimen de vientos y lluvias --del cual depende la vida de millones de personas--, podría ascender también el nivel de los mares y amenazar islas y zonas costeras bajas. También se prevé que el ciclo de evapotranspiración se acelerará a nivel mundial por lo que lloverá más, pero las precipitaciones se evaporarán más rápidamente, transformando los suelos más secos durante los períodos críticos de la temporada de cultivo. Nuevas sequías y hambrunas, especialmente en las naciones más pobres, podrían reducir el abastecimiento de agua potable.

Y en un mundo cada vez más poblado y sometido a mayores tensiones, esas presiones adicionales podrían conducir directamente a nuevas hambrunas y otras catástrofes.

La Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, de 1992, establece como "objetivo final que todos los países trabajan de forma mancomunada para estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera a niveles que impidan interferencias antropogénicas (de origen humano) peligrosas al sistema climático".

Aunque hasta la fecha no existe una hipótesis científica acerca de los niveles de gases que podrían catalogarse de peligrosos, muchos investigadores plantean que, posiblemente, transcurra otra década que posibilite la reducción de las incertidumbres actuales (o de gran número de ellas) en forma apreciable.

Al mismo tiempo está corroborado que las naciones ricas (20% de la población mundial) son las máximas responsables del aumento de los gases de efecto invernadero, al utilizar el 80% de los recursos de la Tierra, mientras que los países pobres son los que sufren los mayores riesgos --desplazamiento de zonas agrícolas, aumento del nivel del mar y variaciones en el régimen de lluvias-al carecer de recursos científicos, económicos y sociales necesarios para poder enfrentar estos problemas. Además, en algunos de esos países el rápido crecimiento demográfico ha obligado a muchos millones de personas a asentarse en tierras marginales y son precisamente éstas las que pueden padecer los efectos más drásticos de las variaciones climáticas.

En el mundo ya se plantean problemas graves en relación con el abastecimiento de agua potable de miles de millones de habitantes. Poblaciones en vías de expansión están agotando el agua de ríos y lagos y los grandes mantos acuíferos subterráneos están disminuyendo constantemente. ¿Qué haremos cuando estos depósitos naturales desaparezcan?
También existen problemas relacionados con el cultivo y abastecimiento de alimentos. Testimonio de ello son las hambrunas registradas en muchas partes del mundo. Hay otras señales de alarma: el volumen de pesca mundial se ha reducido considerablemente por lo que a pesar del tamaño de los océanos, las especies más valiosas van desapareciendo.

En resumen, el cambio climático podría tener consecuencias muy profundas y devastadoras por lo que, al enfrentarlo, el hombre tendrá que pensar en términos de décadas y de siglos, pues muchos de los efectos los sufrirán las generaciones venideras.
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